Capítulo XV: El Cálculo Infinitesimal. |
Durante la primera parte del XVIII no se generaron tanto nuevas ideas como más bien se afianzaron las que se habían creado ya, ideas críticas contra el orden intelectual anterior. Con gran relieve, la segunda mitad de este siglo y la primera del siguiente fueron de una importancia central para el progreso de la sociedad moderna.
Es el periodo de la Independencia de los Estados Unidos, la Revolución Francesa y la Revolución Industrial en Inglaterra. Aquí se realizó una auténtica revolución en la química y la electricidad, y se inició un apasionado matrimonio entre la ciencia y la economía por medio de su intervención en el progreso de la tecnología.
Dos situaciones de partida fueron requeridas:
El surgimiento de la ciencia experimental y cuantitativa y matemática que se generó esencialmente en los dos siglos anteriores.
El desarrollo de la sociedad capitalista sin las trabas del orden social anterior.
Con la Revolución Científica se potenciaron una serie de actividades y resultados científicos que irían configurando el rostro de la sociedad moderna. Hay que volver a citar en este escenario el trabajo del inglés Harvey, quien usó los conocimientos anatómicos de Vesalius para establecer la circulación de la sangre. Se sabe que el razonamiento que siguió fue algo así como que si el corazón bombea más sangre en 1 hora que la contenida en todo el cuerpo humano, no es posible que no circule. Aquí hay razonamientos cuantitativos y explicaciones mecánicas.
Otros descubrimientos en las ciencias biológicas se realizaron hasta que se inventó el microscopio en la mitad del siglo XVIII. Fue ésta la principal razón por la cual Harvey no pudo probar que existían pasajes entre las arterias y las venas aunque sí los había previsto. Las capilaridades fueron vistas por primera vez en el año 1 661 por el italiano Marcello Malpighi.
En la siguientes décadas, se hicieron importantes observaciones microscópicas por científicos ingleses y holandeses, como, por ejemplo Robert Hooke, Nehemiah Grew, Antoni van Leeuwenhoek y Jan Swammerdam. Estas observaciones eran importantes descubrimientos en el estudio de la sangre, los insectos, la embriología, y la fisiología de las plantas. A pesar de estos avances, sin embargo, había pocos intentos para construir un marco teórico que englobara las observaciones empíricas. Esto se daría solamente hacia la mitad del siglo XIX.
La Revolución Científica fue más que una serie de invenciones realizadas por individuos aislados o realizaciones teóricas al margen del escenario histórico y material. Deben invocarse un plano social y, por otro lado, una dimensión técnica. En primer lugar, debe volverse a enfatizar el papel jugado por la imprenta, que transformó ciencia, cultura y sociedad de muchas maneras. La difusión y diseminación de ideas fue posible de una manera radicalmente diferente y con un impacto social extraordinario. Por otra parte, no se puede negar la relevancia de instrumentos como el telescopio, los relojes, los termómetros o el microscopio en la propia generación de resultados científicos y matemáticos. En tercer lugar, hay que invocar también los avances que se dieron producto de la institucionalización y profesionalización de las actividades científicas.
Debe decirse que los trabajos de Newton tanto con Principia como con la Óptica empujaron dos tradiciones que usualmente se consideran excluyentes en la metodología de la ciencia. La primera una tradición matemática y reduccionista que, al igual que la filosofía mecanicista de Descartes, propagó la imagen de un universo totalmente racional y bien regulado. La segunda tradición fue la experimental ligada a las afirmaciones especulativas de la óptica que se aplica aun más a disciplinas como la química, la biología, y otras disciplinas científicas que empezaron a desarrollarse en el siglo XVIII.
Debe decirse que la influencia de Newton no se restringió a las ciencias naturales. Algo que a veces no se estudia suficientemente es la influencia que tuvo en los intelectuales de la Ilustración durante el siglo XVIII. De hecho, fueron muchos los que intentaron explicar la naturaleza de la sociedad humana por medio de leyes de la misma manera que Newton había ofrecido leyes para la explicación del universo. Es decir, trataron de encontrar una explicación científica de la sociedad humana. Uno de los mejores ejemplos lo constituye John Locke.
De igual manera, otros intelectuales como Adán Smith, David Hume o Abbe de Condillac trataron de hacer lo mismo en relación con la mente y la ética. Todo esto se inscribía en un escenario de cambio social y cultural. En algunos casos, algunos estaban plenamente comprometidos con los cambios. Se pretendía encontrar leyes universales que pudieran estar por encima de diferencias en la conducta y la diversidad culturales y sociales; leyes que pudieran servir para construir un nuevo orden social.