Anterior
 
Siguiente

3. HISTORIA DE LAS CIENCIAS GEOLÓGICAS Y SISMOLÓGICAS

 

3.1 HISTORIA DEL DESARROLLO DE LAS CIENCIAS GEOLÓGICAS EN COSTA RICA

Guillermo E. Alvarado I. [1]

Luis Diego Morales M. [2]

Gerardo J. Soto B. [3]


3. HISTORIA DE LAS CIENCIAS GEOLÓGICAS Y SISMOLÓGICAS
1. Etapa de las Geo-Técnicas Autóctonas
2. Etapa de las Geo-Técnicas importadas en Europa (Foráneas, sigle XVI-1851
3. Etapa Pre-Geológica (1852-1887)
4. Etapa de inicio y avance Geocientífico (1888-1962)
5. Etapa Geocientífica y Geotecnológica Moderna (1963-1989)

RESUMEN

Se realiza en este trabajo un  estudio introductorio al  desarrollo de las ciencias geológicas en Costa Rica.  Se inicia con referencia a  las técnicas geológicas precolombinas y se termina  con el estudio  de estas disciplinas hasta finales de  la década de los ochenta.

 Las técnicas geológicas (geo-técnicas) son el precedente natural de las Ciencias Geológicas, y a partir de éstas nacen las geotecnologías. En Costa Rica, esta secuencia se desarrolla en cinco etapas:

                1. De las geo-técnicas autóctonas (Precolombinas: 9000 A.C.-siglo      XVI)

                2. De las geo-técnicas foráneas (importadas por los españoles: siglo      XVI - 1851).

                3. Pre-geológicas (1852-87).

                4. De inicio y avance geocientífico (1888-1962).

                5. Geocientífica y geotecnológica moderna (1963-89).

INTRODUCCIÓN

Previos a los campos de conocimiento científico, con bases, hipótesis y principios fundamentados y probados, se desarrollaron técnicas, basadas en conocimientos de la experiencia común, o en hallazgos ocasionales. En la historia occidental, la Geología no nace como ciencia hasta que James Hutton enuncia los principios fundamentales del uniformismo,  entre el último cuarto del siglo XVIII y el primer cuarto del siglo XIX. Previo a ello, los conocimientos geológicos eran netamente técnicos, sin sustento científico.

Los geotécnicos ya eran reconocidos como prospectores de aguas y mineros, durante el final de la Edad Media y el principio de la Era Moderna. En el siglo XVI, ya un códice hispano habla de los "jheólogos", aunque no son sino los trabajos de M.P. Esxholt (Geología Norvegica, 1657), de H.B. Saussure (sustituye Geognosia por Geología, 1770-80) y Ch.Lyell (Principles of Geologya, 1830-32) los que instituyen la voz GEOLOGIA (cf. [4] ). Durante la historia precolombina, los amerindios desarrollaron autenticas geo-técnicas, las cuales fueron sustituidas y desterradas por los colonizadores europeos, quienes importaron las técnicas occidentales en boga. En el siglo XIX, naturalistas visitantes como A. Von Humboldt y Ch. Darwin, establecen nexos decididos de observación científica, que fueron seguidos por diversos pioneros europeos en América Latina. En el caso de Costa Rica, la incursión de auténticos geocientíficos no sucede sino hasta la segunda mitad del siglo pasado, y se torna en neta investigación geológica ya casi a final de la centuria. El análisis del avance del desarrollo de las ideas geológicas en Costa Rica nos permite subdivirlo en cinco etapas, desde los conocimientos geo-técnicos autóctonos de los amerindios, hasta el presente, con un constante desarrollo de las geociencias y las geotecnologías.

1. ETAPA DE LAS GEO-TÉCNICAS AUTÓCTONAS

(Precolombinas, 9000 A.C. - s. XVI)

 Los nativos americanos desarrollaron geo-técnicas, basados en sus necesidades primigenias y en el entorno geológico disponible, siendo comunicadas éstas a pueblos vecinos y a sucesores, por vía oral, o por transmisión directa por emigrantes o mensajeros.

 Dada la situación geográfica de Costa Rica, convergieron culturalmente las estirpes mesoamericanas y sudamericanas. La zona norte y noroeste del país recibió influencia básica mesoamericana, y con ella llegaron las geo-técnicas propias del norte, así como exportaron las técnicas orfebres de la fundición por cera perdida, la utilización de la falsa filigrana, el dorado, el "mise en couleur" y la soldadura, que habían llegado acá desde el sur_.  Los gobernantes mesoamericanos usaban artículos de oro tallados en el Istmo Tumbaga (Costa Rica y Panamá), pagados como tributo por nuestros aborígenes. Al descubrirse el Cenote Sagrado de Chichén Itzá (México) se obtuvieron piezas orfebres de estas latitudes. Asi mismo, algunas obsidianas y jades auténticos de Guatemala, se ha encontrado en nuestro país.[5] De ellos se importó la técnica del pulido de la roca dura (rocas volcánicas, calcedonias, jaspes, lutitas y otras) que han tomado el nombre genérico de jades, usados como adornos o insignias simbólicas de poder.

Los jades pertenecen a una época cercana a la de Cristo. Las joyas de oro son del período entre los siglos VIII y XVI, y demuestran los hallazgos arqueológicos, un fuerte influjo sudamericano (hablaban el chibcha) entre los siglos VI y IX, que marcaron el inicio de la importación orfebre, un resurgimiento de la escultura y una gradual degradación en la calidad cerámica.[6]

El conocimiento de todos estos datos nos viene del registro comparativo de los hallazgos arqueológicos. Desgraciadamente, muchos códices, que documentaron una auténtica historia precolombina, desaparecieron durante la temprana conquista, y no es sino la recolecta de leyendas y fuentes etno-históricas referidas durante el siglo XVI, las que corroboran y complementan parcialmente los datos arqueológicos. [7]

Es claro que los amerindios habitantes en el hoy suelo costarricense, desarrollaron por sí mismos técnicas prospectoras rudimentarias para la ubicación de arcillas para cerámica, ocres para su pintura, rocas óptimas para lasqueado, pulimento y escultura, y metales como oro y cobre para joyería.

Los primeros inmigrantes desarrollaron primitivas técnicas de lasqueado (útil en lavas lajeadas, jaspes y en lutitas) para construcción de cuchillos, raspadores, nódulos y percutores. Las ulteriores técnicas cerámicas demandaron una adecuada prospección de arcillas y el descubrimiento de los ocres (a partir de óxidos y otros minerales) resultó en el decorado polícromo. Las principales rocas usadas como basamento de construcción y en escultura son volcanitas y plutonitas, harto frecuentes en el país, y útiles por su dureza, compacidad y textura ante el tellado, Destacan las famosas esferas pétreas del sur de Costa Rica (río Grande de Térraba), de hasta dos metros de diámetro máximo, que significaron poder y prestigio, señalado esto por los hallazgos en la isla del Caño, adonde sin lugar a dudas fueron transportadas a duras penas. [8]

Habiendo aprendido las técnicas orfebres de los sudamericanos, nuestros nativos iniciaron la prospección y explotación de oro en placeres aluviales en la Península de Osa. De hecho, los indígenas del territorio de la hoy Costa Rica, usaban múltiples joyas de oro. Así lo relata Cristóbal Colón en sus crónicas [9] , donde manifiesta que en los dos días de 1502 que estuvo acá, vio más oro que en cuatro años en la Española. Por eso creyó estar en la Ciamba, cerca de Vietnam referida por Marco Polo. Esto daría origen a la mención de nuestro territorio en 1539, como "la costa rica", así con minúscula"#_ftn10" name="_ftnref10" title=""> [10] .

El pulimento de rocas (llamadas genéricamente jades) requirió no sólo encontrar rocas duras y bellas para pulir, sino además abrasivos óptimos, que bien pudieron ser las ortocuarcitas (mollejón) molidas de la Formación Coris (Patarrá y lugares adyacentes), o cuarzos en arenas aluviales en Guanacaste, procedentes de la erosión de las ignimbritas.

Durante la historia procolombina, varios pueblos sufrieron el embate de los volcanes Irazú, Arenal, Rincón de la Vieja y Turrialba, según se observa en resgos culturales sepultados por tefras de estos volcanes. Incluso los indígenas llegaron a formular leyendas sobre estos volcanes, y hay referencias de sacrificios de vírgenes a los volcanes[11] . De modo que la visión de los nativos respecto al volcanismo fue mítica, como en todos los pueblos similares. El desarrollo y predominancia de las técnicas de exploración, explotación y manufactura en metales, minerales y roca, perduró y evolucionó hasta bien entrado el siglo XVI, cuando la conquista determina el deterioro y ocaso de las culturas precolombinas en todas sus fases, incluyendo las técnicas. Existe pues, un deslinde total entre esta etapa y la siguiente, en la que los conquistadores y colonizadores importan sus ya desarrolladas técnicas mineras, metalúrgicas y de manufactura, y determinan la muerte de técnicas para ellos fuera de su cultura, como es el tratamiento de la cerámica y la escultura a partir de roca.

2. ETAPA DE LAS GEO-TÉCNICAS IMPORTADAS DE EUROPA (Foráneas, siglo XVI-1851).

Durante la conquista y la colonia, la obtención de metales fue uno de los puntos medulares del proceso.  De modo que los españoles encaminaron ingentes esfuerzos para la ubicación y explotación de yacimientos de metales preciosos y gemas. Se dictaron disposiciones mineras, entre las que destacan las "Ordenanzas de Minería para nueva España", sancionada por Carlos III en 1783, que en el caso costarricense rigió hasta 1830, cuando se dicta la "Ordenanza de Minería", que regulaba los denuncios, pertenencias e inversiones[12-13].

 En 1815, el Obispo García, en visita desde Nicaragua a Costa Rica, al pasar por los Montes del Aguacate notó que los "guijos" del camino podrían contener oro y plata.   El delegado Santos Lombardo tomó muestras y verificó las apreciaciones del prelado. Lombardo denunció junto con Rafael Gallegos (luego nuestro segundo Jefe de Estado) la mina "Sacra Familia", que operó en 1821. Este mismo año se descubre la "San Rafael" y al año siguiente la "Los Oreamuno", que despertó la fiebre del oro, y convirtió a éste en el principal recurso de explotación nacional. En 1835 "Los Oreamuno" producía 300 mil pesos al año, la "Los Castro", 2 millones de pesos y empleaba a 400 obreros, y habían cinco minas activas más. J.L. Stephens, como corolario a su trabajo sobre la ruta del canal en Nicaragua en los cuarentas, hace una breve descripción de las minas de oro de los Montes del Aguacate. La actividad minera decae entre 1843 y 1890[14-15],en parte debido a la canalización de capital hacia la actividad cafetalera.

Ya durante la colonia, algunos gobernadores y naturalistas se encargaban de describir los embates naturales producidos por inundaciones, deslizamientos, terremotos, volcanes y fenómenos cósmicos (como la lluvia de meteoritos de 1799). Destacan las crónicas de Diego de la Haya respecto a la actividad del Irazú en 1723, primer relato vulcanológico en nuestro país, previo al cual existe una ausencia casi total de crónicas de cualquier tipo, debido principalmente a nuestra pobreza y despoblamiento. Sólo lacónicas e indirectas referencias existen sobre temblores en 1638 y 1678. Luego de los reportes de la Haya, existen otros de temblores en 1756 (San Buenaventrua), 1780, 1821, 1822 (San Estanislao), 1841 (San Antolín: primera destrucción de Cartago), 1842 y 1851[16]. Son estos reportes de carácter cualitativo en efectos y daños, y carecen de observaciones sistemáticas y cuantitativas respecto al tamaño o intensidad de los fenómenos. Los temblores son acusados al efecto de los volcanes[17].

De los volcanes, hay referencias adicionales: una posible erupción del Irazú cercana a los años de 1560, mencionada por los conquistadores en forma indirecta, al llegar al "valle de la desolación", cubierto de cenizas y árboles sin follaje[18]; la referencia del gobernador Gemnir en 1747 al "volcán de fuego nombrado Botos"[19]; la descripción del cráter activo del Poás en 1828 por Miguel Alfaro, y la erupción del Poás en 1834 ("una fuerte lluvia de cenizas destruyó los pastizales... de Alajuela"), cuya ceniza llegó hasta Esparza[20]. Oersted, un naturalista alemán de los muchos que llegaría, describió entre otras cosas, algo sobre el Poás e Irazú en 1847[21].

 Durante esta etapa, las geo-técnicas mineras son utilizadas con fines netamente de explotación utilitarios, sin realización de estudios geológicos globales o exploración planificada. Las observaciones de los fenómenos geológicos y otros naturales, carecen de profundidad analítica, y son netamente descriptivos en sus efectos. Aún se carecen de bases geológicas formales para la evaluación del entorno geológico del país, aunque se sientan los precedentes para realizar este propósito en las etapas ulteriores.

3. ETAPA PRE-GEOLÓGICA (1852-1887)

El paso de Alexander Von Humboldt y Charles Darwin por América, motivó la visita posterior de múltiples naturalistas y científicos a este continente. La mayoría de ellos realizó estudios de ciencias básicas, pioneros en su mayoría. Por otra parte, el interés por la construcción de un canal interoceánico a través de Nicaragua, conllevó a la realización de estudios geográficos y geológicos aplicados en este país, cuyos autores aprovecharon la estadía en el istmo para extender sus estudios a Costa Rica. Para este momento, la Geología se había instaurado como una auténtica ciencia fáctica-básica-natural, en Europa y Norteamérica. Oersted estudió el geomagnetismo y realizó estudios geológicos para el posible canal de Nicaragua, y presentó una  descripción orográfica de Centroamérica[22]. M. Wagner y K. Scherzer llegaron en 1853 y realizaron algunas descripciones volcánicas en Guanacaste[23]. A. von Frantzius y K. Hoffmann (médicos) publicaron valiosas descripciones sobre los volcanes de la Cordillera Central[24]. Otros alemanes naturalistas y observadores sismológicos y meteorológicos fueron F. Kurtze, F. Streber, F. Rohrmoser y F. Mison. Kurtze y Streber[25] inician observaciones sismológicas sistemáticas en 1852. En 1864 arriba a Costa Rica Karl von Seebach, el primer geólogo auténtico que estudia Costa Rica, quien realizó importantes trabajos vulcanológicos y petrográficos[26].

 

 

Dr. Karl von Seebach
Geólogo alemán pionero en la investigación geológica centroamericana (finales del siglo XIX y principios del siglo XX).

Desde 1857 La Gaceta inicia publicaciones sobre la caída de un meteorito (Heredia, 1 de abril de 1857), sobre la actividad del volcán Turrialba (1864-66) y sobre temblores en el país, y desde 1878, publica una especie de boletín sismológico con fecha, hora e intensidad de los sismos sentidos[27]. Algunos observadores (E. Villavicencio, G. Molina y P. Nolasco) intentaron correlacionar los temblores y las fases de la Luna, sin encontrar relaciones[28]. El interés por los recursos de carbón en Centroamérica motiva expediciones norteamericanas de exploración en 1850 al Río Coen y del alemán W. Witling en 1852 a Home Creek en el sur de Limón[29]. El segundo geólogo sensu stricto que llegó a Costa Rica fue William Gabb, contratado en 1873 por Minor Keith para explorar Baja Talamanca, en donde reportó hallazgos  de carbón, oro aluvial y otros aspectos geológicos de notable interés en varias publicaciones[30]. El geólogo inglés G. Atwood levantó un mapa geológico a través del centro de Costa Rica, de océano a océano, y en su trabajo apareció un detallado informe de petrografía ígnea escrito por W.H. Huddleston[31]

Durante este período, la actividad minera tuvo poco desarrollo, y es cuando nace la actividad del "coligallero" u "orero", quien trabaja sólo, con un pequeño o ausente laboreo minero (esto es: un geo-técnico primitivo), con ayuda de una palangana o un "cayuco" (máquina sencilla y primitiva, de selección gravitacional). Sólo las compañías Minera de Montes del Aguacate (en 1868) y San Francisco de California intentaron abrir túneles[32]. Consideramos esta etapa como pre-geológica, debido a que predominan las descripciones naturalistas generales, algunas de las cuales maduran y procrean las primeras ideas geocientíficas en y sobre Costa Rica. Quienes sientan estas bases son extranjeros que pronto abandonan nuestro territorio y publican sus conclusiones mayoritariamente fuera de Costa Rica. No obstante, provocan un desarrollo de las geo-ciencias básicas y aplicadas, y la creación e importación de aparatos geotecnológicos, que darán sus frutos en la siguiente etapa.

4. ETAPA DE INICIO Y AVANCE GEOCIENTÍFICO (1888-1962)

Esta trascendente etapa es un corolario del ambiente político y económico de Costa Rica en ese momento. El gobierno de corte liberal y una relativa holgura económica promovieron cambios en la superestructura del país, y en forma especial en la educación. Conllevó a la contratación de insignes profesores europeos que inician clases en el Liceo de Costa Rica, como Henri Pittier. Estos profesores crean numerosos y buenos discípulos. Otros estudiantes salen becados al exterior. Además se creó el 7 de abril de 1888 el Observatorio Metereológico Nacional, y al años siguiente, el Instituto Físico-Geográfico, de un espectro más amplio. Pittier es su director, y acoge a valiosos discípulos como José Fidel Tristán y luego Anastasio Alfaro. Tristán construyó un sismoscopio, que obtuvo los primeros trazos de temblores en diciembre de 1888 [33], y que vino a ser el primero construido en Mesoamérica. Pittier y Tristán harían muy interesantes observaciones sismológicas y vulcanológicas en diversas publicaciones[34]. Al partir Pittier en 1904, Tristán continúa junto con Pablo Biolley en la misma labor.

El territorio costarricense de ultramar, la Isla del Coco, fue visitada por A. Agassiz y otros científicos en 1891[35]. R.T. Hill, quien fue uno de ellos, hizo contribuciones importantes a la geología de Panamá y Costa Rica en trabajos publicados en 1898[36].

 Karl Sapper, el más destacado investigador de la geología centroamericana, llegó a Guatemala en 1888. Contribuyó con estudios geológicos, geográficos y el levantamiento de mapas topográficos. Estuvo en Costa Rica a finales del siglo y realizó estudios vulcanológicos. El grueso de sus investigaciones fue vertido en su libro "Mittelamerika" en 1937[37].

1910 fue un año muy activo: la erupción del Poás el 25 de enero, los simos de abril al sur de San José, y el terremoto de Cartago el 4 de mayo (la mayor catástrofe sísmica de nuestra historia). Esto motivó múltiples observaciones y estudios geológicos acerca de estos y los sucesivos eventos, realizados por J.F. Tristán, A. Alfaro y G. Michaud. Este mismo año sale a la luz el valioso compendio de Cleto González[38] sobre desastres naturales en Costa Rica. En 1910 se encontraban en funcionamiento cuatro sismógrafos, y un quinto entró en función en 1911, todos manufacturados en el país. El centro de Estudios Sismológicos se propuso establecer una red sismológica, y recogía datos que se enviaban a la Asociación Internacional de Sismología. La actividad del Centro decayó de 1913 a 1920, y en este año se abandonan las observaciones[39]. Otros aspectos de geología básica fueron tratados por Romanes en 1912[40], _con investigaciones en la Península de Nicoya y en las volcanitas de la parte central de Costa Rica.

La geología aplicada es enriquecida con las exploraciones petroleras en el litoral Caribe y Baja Talamanca entre 1915-24, realizada por geólogos norteamericanos[41].

Sapper visita el país, de nuevo, en 1924, poco después del sismo de Orotina (4 de marzo), y trabaja sobre su origen junto con Tristán, Alfaro y R. Fernándes. En consecuencia se enriquece el conocimiento vulcanológico y sismológico de Costa Rica[42] Sapper publicó luego en 1925 "Los volcanes de la América Central", donde vertió estas y sus anteriores experiencias volcánicas en Costa Rica[43].

La minería tuvo un buen aporte con el descubrimiento minero de Abangares en 1884, cuya primer mina (la "Tres Hermanos") entró en funcionamiento en 1887. En 1890 se descubren otros yacimientos y se abren nuevas minas[44]. El ingeniero en minas E. Mellis visitó los yacimientos en Montes de Aguacate, y editó un valioso informe en 1891[45]. En 1900 se forma una especie de monopolio minero con la Abangares Gold Fields of Costa Rica, que tuvo serios problemas laborales en 1912. Luego, en 1921, comienza la minería en la zona de El Líbano, con la Costa Rica Esperanza Mining Co[46].

A partir de 1926 se da un decaimiento en la actividad minera, llegando prácticamente a desaparecer toda explotación sistemática en 1940. Durante la segunda guerra mundial, los depósitos de manganeso del Guanacaste cobraron importancia pero rápidamente su exploración declinó hasta desaparecer. La publicación de Roberts (1944), del Servicio Geológico de los Estados Unidos sobre los depósitos de manganeso de Costa Rica[47], es una muestra del interés despertado por este tipo de yacimiento. Nuevos estudios geológicos fueron emprendidos por Branson (1928) en el Valle del Reventazón y un impulso más permanente se logró a inicios de 1929 con la llegada al país, por instancias del Gobierno, del suizo Dr. Paul Schaufelberger, quien permanecerá en Costa Rica por casi diez años, dedicando su tiempo a la docencia como profesor de Geología en el Liceo de Costa Rica y en el Colegio Superior de Señoritas y realizando labores de investigación y administración como Jefe de la "Sección Geológica" del Museo Nacional. Durante su estadía realizó una intensa labor con la publicación y divulgación de su quehacer geológico en nuestro país, destacándose la serie de "Apuntes de Geología", en cuyo número cuatro, presenta una sinopsis de la Geología de Costa Rica[48]. En 1934 tenemos nuevos aportes al conocimiento geológico de la Cordillera de Talamanca, sus estribaciones y el Valle de Reventazón como resultado de los trabajos de Lohmann y Schaufelberger[49].

Por decreto No. 6 del 29 de mayo de 1936, el Gobierno suspendió los servicios que aún quedaban del antiguo Instituto Físico Geográfico, incluyendo su Sección de Geología, la que por artículo 3¼ del mismo decreto, quedaba anexada al Museo Nacional[50], (donde existía una valiosa colección de rocas, minerales, y fósiles). Las observaciones meteorológicas y sismológicas se trasladaron al Centro Nacional de Agricultura en San Pedro de Montes de Oca (sede actual de la Universidad de Costa Rica, U.C.R.), donde un viejo equipo sismológico fue entonces instalado y puesto en operación por Schaufelberger[51].

En el  período (1938-1942), aparecen los trabajos e investigaciones de Alfonso Segura, quien desde la Sección Geológica del Museo realizó estudios que denotan un criterio científico de tipo geológico-paleontológico relevante, por lo cual puede ser considerado como el primer geólogo costarricense[52].

En marzo del año 1939 y en sustitución de Schaufelberger, llegó al país el geólogo italiano Dr. César Dóndoli, contratado por el Gobierno para trabajar como geólogo en la Escuela de Agricultura (posterior Facultad de Agronomía), en San Pedro de Montes de Oca y en labores de investigación para el gobierno[53]. Fruto de su labor docente son las primeras tesis geológico-agronómicas, realizadas por sus discípulos (Gabriel Dengo, Gil Cahverri y Herbert Nanne), entre los años 1942 y 1943 en la Facultad de Agronomía de la recién fundada Universidad de Costa Rica (U.C.R.). Además de extender los cursos de Geología a la Facultad de Ciencias y de Ingeniería, organizó un "Sección de Geología", preparó una colección de rocas y minerales, un pequeño laboratorio para análisis químico y petrográfico de rocas y minerales, así como para secciones delgadas[54]. Colaboró con la Revista del Centro Nacional de Agricultura publicando varios boletines técnicos, y estableció una fructífera relación con el Ing. Federico Gutiérrez Braun, entonces a cargo de la planta eléctrica de Ventanas y quien posteriormente fue un activo propulsor de los estudios geológicos, sobre todo desde la dirección del Instituto Geográfico Nacional.

Con la fundación en 1944 del Instituto Geográfico Nacional, se incluye un Servicio Meteorológico y Sismológico Nacional, dependiente de éste y como director del Servicio don José Merino y Coronado, quien había sido alumno de Schaufelberger y venía trabajando desde 1941 en la Escuela Nacional de Agricultura[55]. El director del nuevo Instituto Geográfico fue el Ingeniero Ricardo Fernández Peralta, autor en el pasado de varias publicaciones sobre Sismología y Vulcanología[56].

El Dr. Dóndoli, quien se había alejado del país a finales del año 1943, regresa en marzo del 49 al Ministerio de Agricultura e Industrias y a la docencia en la facultad de Agronomía de la Universidad. En 1951 prepara la "primera ley de minería", en donde se establecía también la creación de una "Dirección de Geología, Minas y Petróleo"[57], para tramitar y supervisar los denuncios mineros, y otras tareas del quehacer geológico. Aprobada la Ley de Minería en 1952, es nombrado como Director del nuevo ente geológico, volviendo entonces a establecerse a nivel gubernamental una sección geológica, la cual había desaparecido del campo de acción del Gobierno con el cierre en 1936 del Instituto Físico Geográfico.

Geología en los años cuarenta en los Montes del Aguacate, a cargo del Dr. César Dóndoli  (derecha).

Con la llegada de la Compañía Petrolera de Costa Rica (Unión Oil Co. y Gulf Oil Corp.) en 1953, para realizar trabajos de exploración y eventualmente explotación de hidrocarburos en la cuenca de Limón y en Guanacaste[58], se dió un nuevo impulso a los trabajos y al conocimiento geológico, con la incorporación de nuevas geotecnologías y la oportunidad de capacitación para las primeras perforaciones profundas (hasta más de 3 km en Victoria).

Es al amparo de la actividad minera y petrolera que se va a consolidar la Dirección de Geología, Minas y Petróleo (DGMP), que adquiere carácter de Departamento en el Ministerio de Agricultura e Industria (MAI) y lo que fue más relevante aún, el desarrollo de la docencia e investigación geológica en el espacio que visionariamente Dóndoli había conseguido en la Facultad de Agronomía (UCR). Fue así como se formó una estructura (Gobierno-Universidad) en el "campus" de la UCR, que favoreció el ingreso de estudiantes de la carrera de Agronomía en los cursos de Geología, presentando para su graduación tesis de carácter geológico, bajo la dirección del Prof. Dóndoli, consolidándose entonces una incipiente Escuela Geológica Costarricense. Nació así una significativa generación de geólogos nacionales que contribuyeron con su nueva formación al desarrollo del país, incorporándose la mayoría de ellos al ente gubernamental (DGMP-MAI) con sede en la UCR. Con recursos provenientes en mayor parte de la contratación petrolera, se construyó en 1960, el edificio de Geología (DGMP), en el campus de la UCR, y desde 1970 ha sido, el albergue de la Escuela Centroamericana de Geología.

En el campo de la investigación geológica en la década del cincuenta, aparte de la exploración petrolera en la que participaron geólogos nacionales familiarizándose con las nuevas tecnologías; se destacan los trabajos de Williams[59] sobre la historia volcánica de la Meseta Central Occidental de Costa Rica (1952), Harrison (1953) demostró la presencia del Cretácico en el noroeste del país[60], Dóndoli[61] con estudios geológicos, mineralógicos y pedológicos en el Valle Central Oriental (1954), y el gran aporte de Weyl a la geología de Costa Rica y en particular sobre la Cordillera de Talamanca, demostrando los efectos geológicos de la acción glacial en el Chirripó y plasmando sus trabajos en varias publicaciones durante el período 1953-57 y resumidas en su obra cumbre "Geología de Mesoamérica"[62].

La actividad del Volcán Poás en el año de 1953 y su transformación de "seudogeiser" en volcán humeante, fue estudiada por Fernández[63]. En una publicación[64] sobre los depósitos minerales de Centroamérica, Roberts e Irving (1957) presentan un mapa geológico que cubre el conjunto de la América Central, y cuya parte correspondiente a Costa Rica, puede ser considerada como el primer mapa geológico que cubre la totalidad de nuestro país.

Culmina esta etapa con las investigaciones de Dengo (1962), quien realiza la síntesis sobre la geología de Guanacaste y el basamento del litoral pacífico de Costa Rica[65]. Un trabajo relevante[66] es el de Hoffstetter et al (1960), bajo el título de "Léxico Estratigráfico de la América Central" con una síntesis sobre Costa Rica. Hacia el final de esta etapa, un desarrollo más sistemático de la docencia e investigación en geología básica y aplicada es realizado por nacionales con evidente beneficio para el país y fundando un paradigma de la geología costarricense.

5. ETAPA GEOCIENTÍFICA Y GEOTECNOLÓGICA MODERNA (1963-89)

La actividad eruptiva del Irazú en 1963-65, llevó al país a una verdadera situación de emergencia, sobre todo por las fuertes erupciones de ceniza que afectaron severamente el Valle Central, y por las corrientes de lodo o avalanchas del río Reventado que causaron daños severos pero locales. Esto motivó el desarrollo de las observaciones y estudios vulcanológicos por nacionales y extranjeros[67], y estimuló tanto la investigación geológica básica como la aplicada con evaluación y programas de reducción de peligros geológicos, hidrometeorológicos e hidrogeológicos, en los que participaron varios entes gubernamentales (Instituto Costarricense de Electricidad ICE, MAI, se creó la Oficina de Defensa Civil adscrita al Ministerio de Obras Públicas, se creó un Ministerio para enfrentar la emergencia, con el Ing. Jorge M. Dengo a la cabeza, etc.), y la dirección de Minas e Hidrocarburos, la cual recibió una donación de tres estaciones sismográficas_[68] para vigilar la actividad sismo-volcánica, tarea que inició un grupo francés en 1963, colocando sismógrafos en la parte alta del Irazú[69], donde supuestamente se detectaron dos reservorios magmáticos someros a 1 y 5 Km de profundidad.

Con el desarrollo de los proyectos hidroeléctricos del ICE en Cachí (1963) y posteriormente Arenal (1965-1978), los estudios geológicos reciben un gran estímulo, fundamentalmente en el campo de la Geología Aplicada a grandes obras de ingeniería, con el empleo de nuevas geotecnologías y la experimentación in situ y en el laboratorio, formándose un selecto grupo nacional de geólogos-geotecnistas en el Departamento de Geología del ICE, siendo miembro fundador y pionero el Ing. Geólogo Jorge E. Umaña.

En 1965 se celebró el primer Congreso Geológico Centroamericano en la UCR y se aprobó una moción dirigida a los organismos nacionales e internacionales para que apoyaran la idea de establecer en Costa Rica una Escuela de Geología de tipo regional. En el año de 1967 fue aprobada la creación de la Carrera de Geología por el Consejo Universitario en la UCR y en agosto del mismo año el Consejo Superior Universitario Centroamericano (CSUCA) aprobó la regionalización de la Escuela de Geología con sede en la UCR, la cual inició sus actividades en 1969 en el edificio que fuera la sede de la Dirección de Geología, Minas y Petróleo (DGMP)[70]. El primer director de la Escuela, fue el Dr. César Dóndoli, quien desde su arribo a Costa Rica en 1939, se había preocupado por la enseñanza de la Geología a nivel universitario y la formación de geólogos nacionales, impulsando también la creación y desarrollo de una sección geológica a nivel gubernamental (DGMP), culminando su tenaz esfuerzo con la creación y posterior consalidación de la Escuela Centroamericana de Geología. Por su obra y sus méritos, el Prof. Dóndoli es considerado como el padre de la Geología Costarricense. Con el apoyo de la UNESCO y del Gobierno Alemán (DAAD), la Escuela logró crecer, fortaleciendo su cuerpo docente e infraestructura, y proyectándose a la región con becas que han permitido graduar a jóvenes provenientes de todos los países de la América Central.

En el campo de la investigación tenemos el valioso trabajo de Dengo (1968) con la síntesis geológica de la América Central[71]. La violenta explosión del Volcán Arenal en julio de 1968[72] y su continua actividad hasta el presente, va a servir de laboratorio natural para los estudios vulcanológicos, tanto para nacionales como extranjeros, dando por resultado una gran cantidad de publicaciones científicas y divulgativas[73] y la organización de grupos de trabajo interdisciplinario a nivel local (ICE, UCR, UNA), con seminarios y talleres vulcanológicos a nivel nacional e internacional, todo lo cual ha favorecido los trabajos conjuntos con investigadores e instituciones internacionales.

El terremoto del 14 de abril de 1973 en río Chiquito de Tilarán en las cercanías del proyecto hidroeléctrico de Arenal y la continua actividad eruptiva del Volcán Arenal, motivaron la creación de una Sección de Sismología e Ingeniería Sísmica en el ICE (encargada también de los estudios vulcanológicos), y la instalación y operación de una red de estaciones sismológicas telemétricas durante el período 74-78 en dicha región. Esta red significó un nuevo avance en la utilización de nuevas tecnologías en el estudio y comprensión de los fenómenos tectónicos, sísmicos y volcánicos. Dichos estudios después se extendieron a otras áreas del país[74]. La creación del Colegio de Geólogos en 1973 servirá como ente aglutinador, regulador y promotor del quehacer profesional en el campo de la geología y disciplinas afines en Costa Rica, sirviendo también como un centro de información geológica a nivel nacional e internacional.

En la década de los setenta, la hidrogeología adquiere un gran desarrollo con el Servicio Nacional de Aguas Subterráneas (SENAS) hoy día Servicio Nacional de Aguas, Riego y Avenamiento (SENARA), contribuyendo al desarrollo nacional, con la búsqueda y explotación de acuíferos con buen potencial de agua subterránea para abastecer a las ciudades, pueblos y satisfacer necesidades agropecuarias e industriales.

Con el apoyo de la Organización de Estados Americanos (OEA) en 1976, se expande y mejora la red sismográfica del Valle Central, a cargo de la Escuela Centroamericana de Geología, se capacita personal en la operación y mantenimiento de nuevas geotecnologías, programas de cómputo, y se forman los primeros especialistas en sismología, vulcanología y exploración geofísica.

En la década de los ochenta, los trabajos de exploración petrolera"[75] y de carbón[76] a cargo de la Refinadora Costarricense de Petróleo (RECOPE), dan un significativo impulso a la geología básica, aplicación de nuevas geotecnologías, técnicas o métodos de exploración geofísica, procesamiento e interpretación de datos con la formación de un selecto grupo de profesionales en diferentes ramas de la geología básica y aplicada, adquiriendo nuestro país un mejor conocimiento del ambiente y de los procesos geológicos que nos rodean y de su potencial en recursos energéticos, complementado por los estudios de exploración, evaluación y explotación de los recursos geotérmicos, (por ejemplo, el Campo Geotérmico de Miravalles y Tenorio), a cargo del "Programa de Recursos Geotérmicos y del Departamento de Geología" del ICE.

En el campo de la evaluación, prevención y reducción de los desastres naturales, la geología básica y aplicada desempeña hoy día un papel relevante, con grupos interdisciplinarios organizados en diferentes instituciones (ICE-UCR-UNA) y en colaboración con la Comisión Nacional de Emergencias y el Instituto Meteorológico Nacional. Dos redes sismográficas cubren el país (ICE-UCR; UNA) facilitando la evaluación y comprensión de los fenómenos tectónicos, sísmicos y volcánicos. Paralelamente se realizan trabajos complementarios sobre inestabilidad de laderas y manejo de cuencas.

La exploración minera (oro y plata principalmente), adquiere importancia tanto en yacimientos de placer como en vetas. Sobre todo el resugir en esta última es significativo, con actividad en el Aguacate (Macacona), Montes de Oro y Abangares. Como resultado de un proyecto conjunto (Servicio Geológico de Estados Unidos-Laboratorio Los Alamos- Dirección de Geología, Minas y Petróleo-Escuela Centroamericana de Geología) en 1985-87, para la evaluación de los recursos minerales, se tiene una síntesis geológica-geofísica-geoquímica de Costa Rica en un Atlas escala 1:500.000[77-78] En el campo de los yacimientos no metálicos, existe un proyecto reciente (1983) del Servicio Geológico Británico y el Ministerio de Recursos Naturales - RECOPE, que pretende evaluar dichos recursos, con gran aplicación en la construcción (piedra y arena), en la fabricación de cemento (calizas); vidrios y en rocas de valor ornamental y aprovechamiento industrial. Paralelamente se desarrollan los estudios de impacto ambiental que buscan un equilibrio entre la explotación nacional de nuestros recursos y la conservación del medio ambiente.

El final de la década de los ochenta, nos muestra un desarrollo de las ciencias geológicas en Costa Rica, favorecido por la presencia de profesores alemanes, holandeses, suizos, franceses e italianos, que junto a los nacionales han realizado docencia e investigación en la Escuela Centroamericana de Geología, contribuyendo a la formación de nuevos profesionales en Geología, que aunado al trabajo de diferentes instituciones nacionales con secciones o departamentos dedicados al quehacer geológico (ICE, RECOPE, SENARA, DGMP), nos han puesto a la vanguardia en la América Central, aplicando las nuevas tecnologías para la comprensión de los fenómenos geológicos, la utilización y aprovechamiento racional de los recursos y conservación del ambiente, estudios del medio soportante para el desarrollo de obras de infraestructura, evaluación y reducción de los desastres naturales, aunado con la docencia e investigación que son tareas permanentes del quehacer geocientífico y de la superación de sus profesionales.

CONCLUSIONES

Los pobladores tempranos de nuestra América desarrollaron primitivas técnicas de prospección de rocas, arcillas, ocres y minerales metálicos, para la construcción de artefactos y adornos. Varias de las técnicas aprendidas por la experiencia común, fueron esparcidas a otras partes del continente. Asimismo, metales y rocas muy localizados, fueron exportados a otras zonas. Estas geo-técnicas autóctonas fueron ignoradas y sustituidas al llegar la conquista española, debido principalmente a las nuevas necesidades culturales, de corte occidental. Las geotécnicas más importantes desarrolladas por los colonizadores fueron las mineras, y en especial las de metales preciosos. En Costa Rica, sin embargo, la explotación minera durante la colonia no tuvo igual trascendencia.

La Geología nació como una auténtica ciencia en Europa, entre finales del siglo XVIII y principios del XIX. Los primeros científicos y geólogos no viajaron hacia Costa Rica hasta mediados y segunda mitad del siglo XIX. No obstante, se realizaron algunas observaciones de fenómenos geológicos y meteorológicos, la mayoría de las cuales carecieron de criticidad científica, y fueron enfocadas a la descripción y efectos del fenómeno, antes que su causa y correlación con nuestro contexto geológico. Asimismo, los intensos trabajos mineros del segundo cuarto del siglo pasado, se enmarcaron como técnicos, sin una clara investigación de los yacimientos.

La llegada de los naturalistas europeos y primeros geólogos desde Europa y Norteamérica a Costa Rica, permitió establecer enseñanzas básicas de estudio para el futuro. Atentaron contra esto, no obstante, la corta permanencia en Costa Rica de tales pioneros, y también el hecho de que sus conclusiones fueran publicadas y expandidas mayoritariamente fuera de Costa Rica. Lo bueno fue que crearon un clima propicio para un pronto desarrollo geocientífico, cuyo disparador fue la reforma educativa de finales de la década del 80 del siglo XIX.

Con la creación de institutos de enseñanza e investigación, la traída de maestros y la rápida incorporación de discípulos capaces, los frutos de la auténtica Geociencia costarricense se vieron pronto. Coincidieron estos esfuerzos con el descubrimiento de nuevos yacimientos auríferos, que iniciaron los verdaderos trabajos geológicos en minas.

Con altibajos, el desarrollo de las Ciencias Geológicas y sus derivados geotecnológicos progresaron en el siglo XX. Lo más trascendental es la formación de geólogos costarricenses que se incorporaron a nuestras instituciones de investigación, promovidos en gran parte por el Dr. César Dóndoli. La geología aplicada a la búsqueda de yacimientos minerales, petrolíferos, de aguas subterráneas, y a la ingeniería, así como la evaluación de los fenómenos sísmicos y volcánicos, promovió el mapeo geológico y estratigráfico del país, realizado por geólogos nacionales. Nace en este momento, a mediados del siglo XX, el paradigma de las Ciencias Geológicas costarricenses.

Las últimas dos décadas han sido transcendentales en el desarrollo geológico del país, pues se crearon múltiples instituciones de investigación y enseñanza, y se consolida el gremio de geólogos costarricenses, que es el más numeroso y avanzado de Centroamérica.

A diferencia de otros países, donde la minería o geología petrolera han sido los promotores fundamentales del conocimiento geológico, creemos que en Costa Rica han sido los fenómenos sísmicos y volcánicos los que han puesto la piedra angular de la investigación geológica. Hoy, las Ciencias Geológicas y las goetecnologías están representadas en un amplio espectro en el país, con perspectivas de ampliación futura. De Costa Rica han partido múltiples profesionales, aquí formados, a trabajar en el resto de Centroamérica, de modo que nuestro país es hoy un centro de dispersión de las ideas geológicas. Quizás la principal falencia en el campo, es el poco desarrollo de artefactos geotecnológicos manufacturadores en el área, puesto que se depende en gran parte de las geotecnologías foráneas.

RECONOCIMIENTOS

Al Dr. César Dóndoli, auténtico "Padre de la Geología costarricense", quien con su amplia experiencia y conocimiento de nuestra geología, aportó valiosos datos y trabajos incontrables. A él va dedicado este trabajo.

Este artículo es el primero enmarcado en el Comité Costarricense de Historia y Filosofía de las Geociencias y las Geotecnologías (COHIFIGEO), adscrito al Colegio de Geólogos de Costa Rica, a la Asociación Costarricense de Historia y Filosofía de la Ciencia (ACOHIFICI) y a la International Commission on the History of Geological Sciences (INHIGEO).